::   REFLEXIONES   ::

VOTO AL CAÑO

Quienes guardaron silencio cuando una multitud embravecida apoyaba a Barrabás, en nada ayudaron a salvar la vida de Jesucristo. Inicio de esta forma, porque lamento que tantos comunicadores pregonen que el las siguientes elecciones van a nulificar su voto, como acto de protesta contra los malos gobernantes. No soy quien para juzgar, pero tampoco puedo evitar sentir lástima por ellos. Un voto anulado o con una frase de protesta me parece bastante idealista y romántico pero también absolutamente inútil para generar un cambio, pues sólo hace más sencillo que se mantengan o regresen al poder los ineptos que nos han hundido. Una frase de batalla de López Portillo era: “mi lucha es contra el abstencionismo”. Lo dijo así porque fue el único candidato que contendió en su tiempo para la presidencia de la república. Obviamente los votos en blanco o de protesta ni cosquillas le hicieron ya que el voto duro de su partido lo favoreció y quien prometió “defender al peso como perro” terminó mordiéndonos a todos. El voto duro es el voto irreflexivo de las familias que han vivido comiendo de la mano de cierta fracción política o el voto fanático de aquellos que votan por el color de un partido sin importar quien sea el mentecato que se postula. Es decir, si Hitler resucitara y su zombi putrefacto fuera candidato a un puesto público, el voto duro de ese partido lo apoyaría sin importar las atrocidades que cometió este genocida el siglo pasado, y todo por el simple hecho de pertenecer al color de ese partido.

Para los jóvenes lo más sencillo es ir con la moda del voto en blanco y anular el voto para no apoyar a ningún grupo político porque decimos que “todos son iguales”, pero ¿desde cuando las soluciones más sencillas son las mejores opciones para los problemas más grandes? Uno, mil o diez millones de votos voluntariamente anulados no representan contrapeso para el voto duro de los partidos que como parásitos se han alimentado de nosotros... para ellos mucho mejor que actuemos de esa forma, les hacemos el caldo gordo a los marrulleros y así los contendientes con menos seguidores tendrán menor número de representantes en San Lázaro para que les griten sus errores y vicios.

Estas elecciones son el mejor momento para desquitarnos de los ineptos que nos han dirigido. Si queremos que sientan nuestro descontento, coraje y frustración, la opción más razonable es votar por cualquier otro partido que pueda hacerles contrapeso, porque la fuerza de la sociedad está en el voto en contrario, en el grito inquisidor, no en la nulidad del sufragio o el silencio. Decía Octavio Paz que “el mexicano es pasivo y vociferante”, en palabras de mi rancho, agachón y hocicón. Éste 5 de julio tenemos la oportunidad de la revancha, de levantar la voz apoyando aunque sea a los pequeños partidos o a la competencia más agresiva de quienes durante décadas se han pasado la estafeta para pisotearnos más y más. En lugar de poner una ridícula frase en la boleta electoral, pongamos una espina en las plantas de los partidos que nos han ultrajado, robado la tranquilidad y hasta la esperanza, solamente los votos en contra los pueden lastimar. Un voto en blanco equivale a un angustioso silencio, sin embargo un voto a favor de cualquier partido de oposición es como un grito de reclamo, es quizá un mínimo pellizco para los partidos mastodonte, las grandes bestias con mucho empuje y poca inteligencia, pero millones de pellizcos podrían derrumbar hasta al paquidermo más descomunal.

Yo no dejaré que mi voto se vaya al caño, quiero que mi voto le haga daño a quienes me han fallado. Dicen que gana más una persona gritando que cien callando. A los partidos que sólo se han servido a sí mismos, debemos gritarles ensordecedoramente: ¡ya no tienen mi apoyo, ya no tienen mi voto, esta vez voto por otro!

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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