::   REFLEXIONES   ::

UNA ROSA SIN DUEÑO EN SAN VALENTÍN

Doña Rosa es una clienta de mucha confianza, a la que le da por platicarme cuanta cosa sucede en su vida. Hace poco llegue a su tienda y la vi diferente, la alegría, la chispa y dinamismo que la identifican estaban ausentes. Ella tiene unos abarrotes, trabaja 14 horas al día los 7 días de la semana y con su esfuerzo le regaló al mundo dos buenos hombres, que son sus hijos. Es una mujer ejemplar, pero ese día era otra persona la que asomaba por sus ojos.

“La veo un poco apachurrada oiga y usted no es así” -le dije para animarla. Con apagado acento me respondió: “Fíjate mijo que el papá de mis hijos me visitó ayer...” Yo ya me sabía parte de su historia. Su marido la dejó hace 25 años por una mujer más joven y atractiva. Durante algunos días se encerró en su habitación, pero la necesidad de sacar a dos niños adelante la obligó a deglutir su sufrimiento y enfrentar al mundo con una sonrisa, mientras la tempestad de sus emociones se ahogaba silenciosamente en sus adentros. Y prosiguió con su lastimero relato: “El había sido el primer hombre de mi vida, pasé con él 12 años y un día me dijo que ya no me quería, me pidió el carro y me dejó con todas las deudas... la renta, las colegiaturas y bueno todo lo que el botó por una “suripanta” que le hizo ojitos. Y a pesar de todo y después de tantos años, toca mi puerta y me dice que esta arrepentido, que todo este tiempo había tenido miedo de buscarme, que sabe que se equivocó pero no tenía cara para buscarme. Me dice que sólo estuvo un año y medio con aquella y después de ella tuvo a muchas mujeres pero que nunca fue feliz, porque siempre buscó a una mujer como yo y nunca pudo encontrarla. Bueno me dijo que ha sufrido mucho y que lo perdone, que quiere terminar su vida a mi lado”.

Enmudecí un instante y luego me limité a preguntarle qué había decidido. Ella por supuesto le cerró la puerta en la cara y profiriendo insultos y amenazas le dejó claro que no quería que volviera a buscarla en lo que le restara de vida. “Pero lo que me tiene triste ahora que me puse a pensar, es darme cuenta que ese canijo me causó el mayor dolor de mi vida en vano... tantos años lloré, sufrí al ver que mis hijos crecían sin padre y no te creas mijito, la verdad llegó el día en que le desee de corazón que fuera feliz. Yo tuve otros novios, viví con otro hombre pero ya no fui feliz y nunca nadie volvió a ser dueño de mi corazón, por eso preferí quedarme sola”. Y sus últimas palabras fueron las que más me dolió escuchar: “Y ahora me pregunto, ¿de que sirvió su traición si al final ninguno de los dos fuimos felices? Si al menos él o yo hubiéramos encontrado a quien querer, entonces habrían valido la pena tantos años de sufrimiento, lagrimas, dolor y desolación, pero después de 25 años él está solo, viejo, enfermo y yo también... ¡¿entonces para qué tiznados me hizo lo que me hizo?!”

¿Cuántas personas como el ex de doña Rosa han sentido que se les apagó el amor por su pareja y en ese momento conocen a alguien que les revive las mariposas en el estómago? Y ante esa sensación confunden pasión, novedad o lujuria por lo que ellos creen que es un nuevo amor y lo abandonan todo por perseguir esa emoción que una vez satisfecha se extingue y paradójicamente los deja llenos de vacío, remordimiento o vergüenza. Las pasiones son fascinantes pero destructivas y el amor necesita nutrirse a diario, sólo que ante el reto muchos lo abandonan. Al destruir una familia o una pareja regularmente nadie gana, a la larga todos pierden.

Recordando una frase de J.E. Buchrose le di un abrazo a mi clienta y le dije: “Amar, haber sufrido un desengaño y volver a amar: esa es una vida valiente y feliz. Y usted es una mujer muy valiente”. Ella me sonrió con el corazón y así me hizo sentir que tal vez el poeta tenía razón.

¡Feliz 14 a mis queridos lectores!

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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