::   REFLEXIONES   ::

SOBREVIVIENDO SIN “FACEBOOK”

“¿A poco no tienes Facebook?” -me preguntan continuamente. No, tengo Myspace y hace más de un año que no lo reviso. Cuando consideré la idea de obtener mi cuenta, comenzó a sonar Twitter y gracias a eso se me quitaron las ganas.

Medio mundo habla de la granja de esta red social en donde puedes cosechar zanahorias, fresas, flores o tener gallinas, caballos, elefantes, borregos y cuanta cosa peluda puedas canjear por tus puntos o peor aún comprar con dinero de verdad usando tu tarjeta de crédito. Y me pregunto, ¿para qué quiero tantos animales virtuales?, si ya tengo a Melo (mi gato), Mikima (gata de mi hermana, Cayuco), a Yoja (perrita que rescaté de un contenedor de basura hace 8 años) a Timoteo (perico que originalmente se llamaba Tarcicio, pero siempre que le preguntabas su nombre insistía en llamarse “Timoteíto” y nadie entiende por qué) y cómo olvidar a Siboney y Sinatra (dos peces beta, que en paz descansen). Animales de verdad que me han dado mil historias que contar. Mas debo confesar que ninguno vive conmigo, sino en casa de mis padres, pues no tengo tiempo de cuidarlos gracias a mis clases en la universidad, el despacho, la asesoría que doy en el STIRT, mi turno en cabina y ahora mis clases de Judo.

Algunos insisten en que me pierdo de muchas cosas al no estar en esta maravillosa red social que conecta a las personas con amigos perdidos de la secundaria o prepa y en diferentes rincones del mundo. Siendo objetivo, mis amigos más distantes viven en la India o Australia y si los extraño les mando un correo que regularmente contestan. Por lo tanto no me hace falta para contactar amigos lejanos. De hecho, hace un año por error formatee mi celular y todos mis teléfonos con un “click” desaparecieron. Quería darme contra la pared, pero una vez que se me pasó el coraje pensé que no importaba que yo hubiese perdido todo mi directorio, pues los “verdaderos amigos” aun tendrían mi número y cuando se acordaran de mí, eventualmente me marcarían. Y así fue, pues en 2009 recuperé 52 teléfonos de amistades que se extrañaron por mi falta de comunicación, gracias a lo cual pude darme cuenta que no es con el número, sino con el corazón que se llama. En este sentido, mis verdaderos amigos saben mi celular y los íntimos conocen hasta mi casa, por si algún día me necesitan o extrañan. No requiero del Facebook para saber de mis amigos, a ellos los veo en cumpleaños, bodas y fechas especiales. Continuamente platicamos por horas al calor de una taza de café, pero café de verdad no del “coffee shop” de internet.

Otros dicen que con esta red social puedes platicar con mucha gente interesante y no dudo que sea cierto, pero la mayoría de las conversaciones tienen el siguiente formato: “Hello como stas?” “Bien y tu?” “Tambien, k asiendo?” “Nada aki conectado un rato y tu?” “Igual checando mis coments que están bn piratas, jejeje ntc” “Orale lol, gusto verte!” Y este guion impersonal, frívolo y monótono es el mismo con casi cada contacto. Ahora que si la persona aun no te conoce, lo primero que querrá saber es tu edad, sexo y ubicación, para ver si no representas una pérdida de tiempo en su búsqueda de amor, compañía o algo más intenso y fugaz.

Sinceramente no ataco ni critico a los que aman su cuenta en alguna red social o aquellos que cuidan vehementemente sus cosechan y animales virtuales, sólo digo que valoro más el contacto directo, el sonido de la voz de otro ser humano y la conversación con sentido. No tengo granja pero hace unos días me compré a “Sarajuana”, una plantita cactácea que hoy vive en mi cuarto y me hace cosquillas en los dedos con sus espinitas. Por eso creo que no tengo cuenta en Facebook ni tendré, porque dedico más tiempo a hacer citas en cines y cafés, además tengo muchos animales de verdad y una pequeña sábila para regar.

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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