::   REFLEXIONES   ::

PARA TODO TIPO DE PIEL

Después de animar un evento universitario, regresé a mi casa y noté que a fuerza de estar trabajando bajo el rayo del sol cada viernes, mi frente lucía cada vez más enrojecida y en esa ocasión hasta me ardía. Decidí hacer lo que nunca, ir a comprar crema para la irritación y digo que nunca lo hubiera hecho bajo otras circunstancias pues además de pasta de dientes, champú y desodorante, realmente no utilizo ningún otro producto para el cuidado personal.

Llegué a la sección de cremas de una tienda departamental y contemplé embebido un pasillo entero de productos que desde mi óptica servían para lo mismo... diecisiete tipos de marcas, más de cien embases diferentes, pero al final todas eran cremas. Nunca imaginé que la tarea de elegir una me resultaría más complicada que mi examen Ceneval. Había crema para cuerpo, para manos, para cara, para labios, para contorno de ojos. Al menos yo sabía que la necesitaba para una sección del rostro, pero luego encontré que había de diferentes tipos, con exfoliante, vitamina A, vitamina E, complejo B, fórmula Q10, balsámicas, para piel seca, para piel grasa, para piel de normal a grasa, con baba de caracol, con nopal, con extracto de aguacate, aloe vera, pepino, papaya, sábila, ¡caramba, yo quería una crema para la frente irritada, no para hacer una ensalada¡ Una vez decidido que no la quería para comer, busqué en otro estante y encontré que había para día, para noche, para después de bañarse, con filtro UV, resistente al agua, anti arrugas, anti edad, rejuvenecedora, eliminadora de manchas, para desvanecer cicatrices, para la celulitis, para piel sensible, con esencias aromáticas e incluso verdes, rosas, amarillas y hasta azuladas.

Entre más complicada la descripción del producto mayor era su precio o entre más pequeño el embase más caro resultaba el contenido. A punto estaba de dar media vuelta para ir a casa de mis padres y arrebatar la crema que mi madre tuviera en su tocador, cuando vi un bote enorme que decía “crema hidratante para todo tipo de piel” y su precio era de quince pesos, casualmente el producto más barato de de mayor tamaño, pero aunado e ello, la descripción de la etiqueta definía exactamente lo que yo necesitaba.

Rumbo a las cajas caminé unos minutos por los cientos de pasillos atiborrados de mercancías en donde Santa Claus y sus duendes te invitaban a aprovechar la oferta y comprar cientos de cosas vistosas y atractivas que generan un excitante impulso por comprar, pero una vez entre mis dedos, serenamente me preguntaba si realmente ese objeto me hacían falta para vivir mejor y afortunadamente en todas las ocasiones mi respuesta fue “NO”. En ese momento me sentí privilegiado al descubrir que había en el mundo tantas miles de cosas que en verdad no necesitaba.

Sólo con la crema en las manos le di un billete a la cajera, tomé mi recibo y vi que había pagado un peso con cincuenta centavos de IVA. Recordé que pronto pagaremos un uno porciento más por este concepto, pero con una sonrisa en los labios supe que mi venganza contra nuestros congresistas vendría al momento de hacer compras exclusivamente necesarias y dejar de gastar mi dinero en la crema más sofisticada, por la cual pagaría más de lo que costó mi botezote “para todo tipo de piel”. Frente al ISR, comenzaré a preguntarle a mis clientes: ¿con factura o sin factura? Y del tabaco y bebida que se preocupen los que toman o fuman.

Señores diputados, ahora recibirán menos de mi cartera por pasarse de abuzados, pues siendo mis representantes, al votar por el nuevo paquete fiscal a mí nada me preguntaron. Por eso, si en 2010 de mí quieren más dinero, les diré lo que a gritos dice el pueblo: ¡vayan a importunar a la autora de sus días primero! (Y si gustan les convido de mi crema pa' que se quiten el ardor).

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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