::   REFLEXIONES   ::

PADRES MALTRATADOS

¿Han visto a esos pobres hombres y mujeres maltratados, humillados, que reciben insultos, injurias, amenazas y hasta golpes... ¡pero de sus hijos menores de 5 años!?

Cuando yo nací, recuerdo que las nalgadas, los coscorrones, pellizcos y cintarazos eran el pan de cada día de muchos de los niños de aquella época. Ya comenzaban algunos educadores y psicólogos en diferentes medios de comunicación a pregonar lo perjudicial que resultaba ese método de educación y enseñanza en contra de los infantes. Comenzó desde entonces a acuñarse el término “derechos de los niños”, porque querían recordarle a los padres que los niños teníamos derechos que a ellos no les respetaron en su generación nuestros abuelos. Aún así recuerdo que a menos yo y otros amiguitos sí teníamos concedidos ya muchos de estos beneficios, tan así es que en varias ocasiones y después de tenerlo bien merecido, mi padre me concedía el “derecho” de abrir el closet y elegir el cinturón con el que yo quería que me pegara, experiencia que en sí misma era ya suficiente tortura psicológica, pero no puedo negar que mi opinión era escuchada, ¿cierto?

A pesar de las técnicas de tortura china, los gritos, jalones de greñas, varazos, planchazos, bofetadas voladoras y todo tipo de proyectiles que impactaron contra los cráneos de nuestros padres, considero que los abuelos hicieron un excelente trabajo, pues en la generación de mis padres, los índices de drogadicción, homicidio, secuestro y delitos de alto impacto, eran verdaderamente bajos. Mi abuelita con una mirada controlaba a mi madre, mi madre requirió de un grito para que yo la obedeciera y si las cosas siguen como hasta hoy, lo más seguro es que a nuestros hijos no los controlará ni la fuerza pública.

En algún momento a la generación de mis padres se les fue la rienda de las manos, quizá por la necesidad de tener que trabajar tanto el papá como la mamá y dejar a los niños encargados con la tele, al momento de no poder comer en familia, bajo la nueva doctrina de no utilizar los golpes o gritos para educar porque nos iban a dejar un trauma emocional por el resto de nuestras vidas. La verdad es que el mundo en tres décadas se echó a perder y hoy nos aterramos ante el resultado que aparentemente nadie vio venir. La juventud desenfrenada se apoderó de todo, de las calles inseguras, de las escuelas bandalizadas y hasta de los medios de comunicación en donde una nueva “degeneración” de pseudo comunicadores tiene la libertad de escupir cualquier majadería o estupidez frente a las cámaras y micrófonos, alegando que así hablan los chavos de ahora y de esta forma se pueden comunicar mejor con la “banda”... como si el hecho de ser joven te diera el boleto de ingreso a una enorme banda de idiotas.

Así fue como sin control de nuestros padres, muchos desviaron el camino y hoy por hoy los peores delincuentes son muchachos entre 17 y 25 años que nunca han tenido otra autoridad que no sea la propia. Por eso cada vez que veo a un chamaquito manoteando a sus padres en medio de un berrinche, mientras éstos intentan negociar con él civilizadamente, siento pena por ellos y me preocupo por que el día de mañana, en mi vejez, me pueda encontrar en la calle con ese pequeño monstruo. Tal vez no sea lo mejor, pero prefiero ver a un niño nalgueado que a un padre manoteado.

A Luis XIV, rey de Francia, una mujer con un inquieto infante en brazos, le preguntó desde que edad había que tener mano dura con un niño para que se convirtiera en un hombre de bien. Y el sabio Rey Sol le contestó sin titubeos: “¡Veinte años antes de que nazca!” Es decir, que si el padre o la madre no fueron educados con firmeza, poco o nada hay que hacer con el recién nacido. Queremos un mundo mejor, pero joven yo te pregunto: ¿Estas capacitados para educar a la siguiente generación?

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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