::   REFLEXIONES   ::

CORRIENTE GENTE NICE

Hace algunos días fui a un evento nocturno a disfrutar de un buen rato de comedia. Conociendo yo el lugar con anterioridad, en cuanto hubo terminado el programa del artista, salí corriendo para recoger mi auto. Llegué al estacionamiento y ya había una fila como de 15 personas esperando sus unidades. ¡Ni modo, me tocó formarme en la cola a pesar de mis previsiones!

Cuando faltaban dos personas en recibir sus carros antes que yo, una muchacha entre veintisiete o treinta años que apenas venía saliendo, pasó frente a nosotros y viendo al primer trabajador del estacionamiento le dijo sin hacer uso de ningún tipo de cortesía: “Aquí está mi boleto, quiero mi carro”.

Todos los que estábamos formados vimos con ojos de pistola, al acomodador, esperando que se negara a entregarle el vehículo a tan majadera persona que ni siquiera tuvo la delicadeza de formarse. Afortunadamente el empleado le dijo que tenía que hacer fila como todos y siguió de largo. Lo que nunca nadie esperó fue que la elegante señorita, la cual lucía una ostentosa bolsa de mano Louis Vuitton, levantara la voz y dijese amenazante “!¿quieres que le hable a mi papá o qué?¡” En ese instante el muchacho se detuvo en seco, quizá desconcertado por aquel infantil comportamiento, pero antes de que pudiera reaccionar, algunos de los que estábamos al inicio de la fila, estallamos en carcajadas. El acomodador entonces le dio la espalda a la señorita y la ignoró por completo.

Supongo que muchos de los allí presentes nos preguntamos si quizá el padre de la malcriada teintañera trabajaba estacionando carros en aquel lugar y por eso quería hablarle. Sin embargo lo más probable es que aquella dama aún con sus años vividos, siga pensando que el hombre que en algún momento la paseó en la carriola, la empujó en los columpios del parque y le pagó una escuela para supuestamente tener una buena educación, es el responsable de seguir cumpliendo sus caprichos en cualquier lugar y en cualquier momento. O muy posiblemente es el papá quien nunca le enseñó a ser autosuficiente y en su afán de protegerla de las penurias de este mundo cruel, la convirtió un una inválida mental incapaz de actuar por sí misma. Y tristemente creo que esta última opción es la más acertada de todas, pues ella no amenazaría en llamar a papi a menos que supiera que papi no va a correr en su auxilio ante cualquiera de sus berrinches.

Si el padre de aquella inmadura mujer es narcotraficante, procurador de justicia del estado, un poderoso empresario o el propio dueño del estacionamiento, es lo de menos... lo importante es darnos cuenta de que si la educación no se mama en casa junto con el biberón, ésta no la recibiremos en ninguna otra parte. La preparación académica que reciba un infante lo convertirá en un hombre culto, pero no necesariamente en un buen hombre, pues lamentablemente la estupidez humana también es hereditaria.

Aquella madrugada aprendí que la gente a quien llamamos fina por el simple hecho de tener dinero, no necesariamente es más fina que la persona más miserable que sabe decir “por favor, gracias o con permiso”. Me quedó claro que don Domitilo, quien sólo llegó al cuarto de primaria y empuja un carrito de camotes en mi colonia, es más educado y decente que muchos que manejan un Lincoln o un Mercedes.

Aunque en un principio sentí desprecio hacia aquella muchacha, después de reflexionar un momento y verla desesperada dar vueltas en círculo siendo ignorada por todos e incapaz formarse humildemente en la fila como el resto de los comunes mortales a quienes ella posiblemente consideraba indignos de su presencia, sentí lástima y entendí que la finura no se lleva en la ropa, ni se unta junto con la loción o el maquillaje, sino que se lleva en la sangre y emana por la boca y la piel del hombre.

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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