::   REFLEXIONES   ::

DIETA A LA “EDISON” SIN ALCACHOFA

En los últimos meses muchos me han preguntado cómo es que bajé de peso. Primero alguien me hizo “coco wash” con las ampolletas de alcachofa, pero conozco varias personas que las han tomado y sin hacer ejercicio no han perdido un solo kilo; por mi parte bajé más de 12, con tres sencillas técnicas.

PRIMERO: Cambie mi rutina de ejercicio. Antes iba al gym y hacía dos horas de pesas y  quince minutos de cardiovascular. Así sólo aumenté de peso pues el músculo pesa más que la grasa y me veía redondo como boiler. Comencé a hacer 45 minutos de puro cardio cuatro días a la semana y me prohibí por tres meses pisar el área de pesas. Los hacia de 15 en 15 en diferentes aparatos y en el inter platicaba o tomaba agua. En tres meses y medio bajé ocho de esos 12 kilos. El gran error de muchos que hacemos ejercicio es querer bajar de peso y subir de volumen al mismo tiempo, y eso según mi experiencia sólo se logra con ingesta de químicos como, L-Carnetina, Wingstrol, hormonas, anabólicos y cuanta cosa que además de ser muy caras, pueden ser perjudiciales y una vez que tu cuerpo las elimina, recuperas tu forma de bulto en un par de meses. Solo hay de dos sopas, o quemas grasa o a haces volumen.

SEGUNDO: Eliminar todo producto líquido a menos que se tratara de agua o café, pues de plano éste último no puedo dejarlo, sólo que ahora lo endulzo con Splenda. Pasé 3 meses sin un sorbo de soda.

TERCERO: Comer de TODO SIN REMORDIMIENTO. No me restringí de nada, hamburguesas, tortas ahogadas, chilaquiles, huevos rancheros, hotcakes, piza, birria, menudo...  No obstante esta fue la parte más difícil y lo sigue siendo. Como la mayoría de los mexicanos crecimos educados por abuelitas o madres, que nos han dicho desde la infancia que “tirar la comida es pecado” o que tienes que acabarte todo el plato porque “en el mundo hay muchos niños con hambre”. Con dolor de mi corazón, compraba un combo de hamburguesa y dejaba media hamburguesa, medias papas y tiraba el resto en el primer bote de basura. Con mis padres, dejaba que me sirvieran y hacía una línea media cual Moisés dividiendo el mar rojo y sólo comía una mitad ante la mirada horrorizada de mi madre que se negaba a darle el

resto a la Yoja (la perra de la familia). Si le pides a alguien que te sirva poquito, lo único hará es quitarte un chícharo o una cucharada cafetera de caldo. El concepto de poquito en México, no nos queda del todo claro.

Estamos acostumbrados a comer hasta llenarnos el buche, hasta que duela el estómago, hasta que la incomodidad visceral nos llega al cuello. Además cuando vas a un restaurante y decides dejar la mitad de lo servido sobre la mesa, no es el remordimiento de los niños de Somalia lo que te comprime el corazón sino el saber que vas a pagar la cuenta completa por comer la mitad. Ahora procuro ser menos drástico y si puedo guardo la mitad del plato para más tarde o si voy con algún acompañante, le obsequio la mitad de mi platillo. En casos extremos hago de tipas corazón y tiro lo que no me debo comer... de todas maneras si yo me lo como, no le quito el hambre a los niños de Uganda, Ruanda o Angola... sólo me queda claro que yo engordo y ellos seguirán con hambre. Después de comer me tomo un vaso o dos de agua y si espero 10 minutos, me doy cuenta que el ansia por el alimento se esfuma, pues la voracidad esta más en la cabeza que en el estomago. 

Dicen que a Edison le tomó 5024 experimentos lograr que la bombilla eléctrica encendiera, tal parece que su genialidad consistía más en disciplina que en inteligencia. Independientemente de mis técnicas alimenticias, creo que lo que me ayudo a bajar de peso fue el compromiso personal con mi objetivo, me queda claro que la perseverancia es la clave de todos los grandes logros de los que nos enorgullecemos y el mundo nos aplaude.

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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