::   REFLEXIONES   ::

DE DOS A TRES CAÍDAS JC Vs. SANTA CLAUSS

En diciembre de 2008, cuando comenzaba a sonar lo de la crisis, un matrimonio amigo mandó hablar a sus tres hijos. “Mijitos -dijo Gustavo-, su mamá y yo tenemos que hablar con ustedes... este año no vendrá Santoclós”. Los niños no podían creer lo que escuchaban, sus rostros se llenaron de frustración, horror y desconsuelo. Es difícil revelar algunas verdades a los niños... quizá les hubiese resultado bastante creíble el decirles que estaba muerto, secuestrado o en el mejor de los casos arraigado junto con Ramón Ayala, pero los padres buscaron una explicación alterna. “Este año ha sido muy difícil para todos -continuó mi amigo-. Como ya saben me quedé sin trabajo y tardé cuatro meses en conseguir otro. Su mamá tuvo que dejarlos en las tardes con su abuela para ir a vender sus cosméticos y se han dado cuenta que ya no vamos al cine, ahora rentamos películas y las vemos aquí en casa”. Entonces la madre intervino: “Santaclós también ha tenido problemas y habló con nosotros para decirnos que necesitaba que le ayudáramos con los regalos. Entonces su papá y yo hablamos con Diosito para pedirle bendiciones y así poder conseguir lo que ustedes tanto deseaban”.

Los pequeños bajaron la mirada pensando que todo estaba perdido, pero sus padres les dejaron claro que en los últimos días las ventas por catálogo habían mejorado y que su papá recibió algo de aguinaldo no esperado, por eso a cada uno se le pudo comprar lo que más deseaba de su lista, pues las bendiciones y el denodado esfuerzo habían hecho posible ayudar a Santaclós. Y concluyeron: “Por eso de ahora en adelante, siempre que quieran algo, pídanselo a Diosito y si nos manda las bendiciones necesarias, gracias a él tendremos todo lo que deseemos de corazón”. Así fue como el año pasado los niños amanecieron el 25 de diciembre agradeciendo al Jesús enseñado por sus padres, la dicha de los regalos recibidos y de esta forma la magia de la navidad infantil, que alcanza su clímax al descubrir el regalo bajo el pino, permaneció intacta. Ellos no se amargaron porque el gordo ícono rojo de la compañía refresquera no pudiera llegar y creo que valoraron más cada obsequio sabiendo que el esfuerzo, el amor de sus padres y la ayuda de Diosito, los habían hecho realidad.

Este año me contaron que la más pequeña pidió un gatito, pero en un departamento no hay lugar para mascotas, sin embargo la niña lo puso en su lista “por si acaso Jesús mandaba las bendiciones” y aunque parezca cuento de hadas, el 28 de diciembre en la azotea del edificio parió una gata siete gatitos bajo unas tablas viejas y la niña al descubrir las bolitas peludas siendo amamantadas, corrió desbordante de alegría, para decirle a mi amiga: “!Mami, mami, ven a ver el regalo que me trajo Diosito y no me había dado cuenta!”. Obviamente adoptaron a toda la camada aunque su lugar sea el techo del edificio...

Estos niños ahora piden las bendiciones necesarias para que papá tenga trabajo, para que el abuelito no se enferme de las rodillas, para que mamá venda mucho y para que los regalos no falten en nochebuena.

Creo que en un mundo cada vez más carente de valores, los padres jóvenes deberían preguntarse, si prefieren seguir pidiendo auxilio a Santaclós cada navidad o dejar que sus niños pidan “bendiciones a Diosito”, para verlas envueltas bajo el arbolito. Si prefieren que sus hijos agradezcan a quien en comerciales nos dice dónde están las mejores ofertas y es jalado por trineos o quien jaló una cruz para enseñarnos, que el amor hace gratuitos los regalos más bellos; al que nos cobra por su sonrisa y hasta para tomarnos con él algunas fotos o el que el 25 cumple años y nos dijo “ámense los unos a los otros”.

P.D. Jojojo, que bueno que no tengo hijos yo... aún así feliz 2010 y cuiden lo que les quede de dinero para una feliz cuesta de enero.

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

Volver