::   REFLEXIONES   ::

AMANTES DEL PELIGRO

Un muerto más en la Pamplonada escandaliza a los medios. Los Sanfermines se tiñen de sangre cuando un hombre muere ante la embestida de un toro embravecido y a sólo unos días de la tragedia su fatídico video tiene más de cien mil visitas en Youtube. Desde 1922 a la fecha, más de 15 personas han muerto en esta fiesta española, sin embargo la tragedia no suspenderá la tradición.

Es curioso que el peligro nos parezca tan atractivo a los seres humanos. Demasiada velocidad nunca nos parece suficiente, si manejamos 6 cilindros, queremos un auto de 8 o diez; si la montaña rusa es de 50 metros de altura, en cuanto vencemos el reto, buscamos una mayor. Pero además del peligro, amamos la violencia. Deportes como el box, las artes marciales en jaula, la lucha libre, el motociclismo extremo tienes millones de seguidores en el mundo y generan ganancias extraordinarias a sus promotores y participantes.

Los programas de televisión en donde los protagonistas se agarran a “camotazos”, como el de la señorita Laura o Jerry Springer tienen los mayores ratings televisivos. Asimismo shows como el de “Jackass” en donde las lesiones, la sangre y el dolor son el centro de atención, han tenido tanto éxito que hasta tuvo que ser llevado en dos ocasiones a la pantalla grande. Los videojuegos como Street Fighter o Mortal Kombat hace más de una década tuvieron el impacto que ahora tiene “Halo” en X-Box, por el cual sus fans son capaces de pasar una noche fuera de las tiendas a la víspera de su lanzamiento, sólo para poderse hacer de una copia del juego. En esencia, el cine, la tv, la internet, las caricaturas y hasta la radio están llenos de violencia, aunque sea verbal. Por lo tanto me pregunto: ¿si adoramos la violencia, por qué nos quejamos tanto de vivir en un mundo violento?

Hoy día, no hay que ser policía o militar para estar en la línea de fuego. El simple hecho de cruzar una calle para comprar una soda resulta riesgoso. El crimen organizado se ha apoderado de las calles mientras que las fuerzas armadas no son capaces ni de protegerse a sí mismas. Quizá la gran diferencia estriba en que en la Pamplonada tenemos la opción de saltar la barda para escapar de los toros, en el box podemos arrojar la toalla, en nuestro carro podemos desacelerar antes de que un bache nos frene, en el “paint ball” levantamos la pistola si los pelotazos de pintura nos arden en las piernas e incluso en el “bungee jump” a última hora podemos decir “zafo”, “allí es tuvo” o “quimis” si la altura nos hace arrepentirnos.

Por otro lado, frente a la delincuencia no tenemos opción. En medio de una balacera ni siquiera correr es posible, nos limitamos a arrojarnos al suelo y pedirle al santísimos que no nos toque visitar a San Pedro. Por más que enrejemos nuestras casas, no podemos mantener fuera a los delincuentes, las alarmas de nuestros carros son tan efectivas como una calcomanía de la virgencita en el tablero. Ni correr, ni escondernos, ni cooperar con los criminales o ser compadre del procurador nos salva de la violencia. Nos quejamos de vivir en un mundo violento porque no podemos salirnos del mundo como podríamos salirnos del cuadrilátero si nos quiebran una silla en la cabeza. Sólo podemos quejarnos, platicar al calor de una taza de café de lo ineptos o corruptos que son nuestros gobernantes o amenazar con votar por el partido que hoy esta en la banca.

Lamentablemente esta historia no tiene moraleja ni reflexión, pero sí un dato estadístico: la esperanza de vida en México de una persona común y corriente es de 75 años, mientras que la de un delincuente es sólo de 42. Curiosamente aún así es más seguro vivir siendo víctima que siendo victimario. Como dice el slogan de la cerveza: ¡Qué ironía!, ¿verdad?

jousinpalafox@hotmail.com

Jousin Palafox Silva, graduado de la Licenciatura en Derecho de la UABC, escritor y conductor de radio en Tijuana.

 

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