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MIEDO CONFESO

Hombre, siempre muy hombre, siempre lo he dicho. Sin rencores, sin temores ni insuperables dolores. Sin miedo al mundo o a lo lejano del cielo, ni al profundo abismo ni al ardiente infierno.

¿Qué algo me asusta? Si fuera macho no lo acepto, pero como hombre lo confieso… Miedo o respeto, quisiera decir que es igual. No al huracán que arremete ni al volcán que calcina, ni al tornado que disuelve ni al terremoto que asesina, sino a la vereda por la que sin pedirlo vine y a la que por voluntad iré, no la llamo destino, la llamo “mujer”.¿Qué algo me asusta? Si fuera macho no lo acepto, pero como hombre lo confieso… Miedo o respeto, quisiera decir que es igual. No al huracán que arremete ni al volcán que calcina, ni al tornado que disuelve ni al terremoto que asesina, sino a la vereda por la que sin pedirlo vine y a la que por voluntad iré, no la llamo destino, la llamo “mujer”.

Respeto a la mujer como respeto al mar, con estos dos elementos imposible jugar. Tan profunda ella como el mar, tan profundo él como el amar.

Su belleza te invita a descubrir los misterios de su horizonte, sus oleajes de coquetería son tranquila agua para navegar, pero tras ellas se esconde la furia de una incontenible tempestad, que con la fuerza de su pasión te hace naufrago en tu propio corazón.

¡¿Qué hombre puede ser tan fuerte como para no dejarse arrastrar por su marea, si del mar el cielo recibe nubes y de la mujer el hombre recibe sueños?! Un beso caliente que derrite tus labios o un desden helado que hiela tus huesos. ¡Un océano de lágrimas o un mar de besos!

Bendito Dios, bendito ser, bendita la dicha de nacer a través de una mujer. La herencia del mar la recibió la mujer. La vida pasada surgió de sus profundidades por primera vez y en ella el futuro se engendra día a día, una y otra vez. Ellas son el alba y el ocaso, la pasión desenfrenada o el maternal calor de su regazo.

Profundo respeto o velado miedo: al fuego de su mirada, al sueño de verla algún día sobre tu almohada o a la pesadilla de nunca conquistarla e impotente asfixiarte como quien se ahoga en el mar, como quien es asesinado con pánico por él, en lugar de morir de placer sobre su piel.

Miedo... mucho respeto a la mujer, que como el mar al pescador el sustento diario le puede dar o en un caprichoso arranque lo puede matar. Pero prefiero soportar el miedo que vivir sin él, sumergirme en ella como me sumerjo en el mar. El ideal merece morir por conquistarlo y no sólo imaginarlo.

Miedo, mucho miedo a no tenerla o algún día perderla; miedo, mucho miedo y respeto me inspira ella, porque sé que la tempestad, el recio golpe de la ola, la furia del huracán, la fuerza de la marea y del mar todo el poder, ¡lo encuentro en el simple abrazo de una mujer!

Jousín Palafox Silva

Poesía Inculta

 

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