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LA INSPIRACIÓN NO ES TUYA

La inspiración es un hábito, un ejercicio de recepción. Es hacer lo que hicieron Shakespeare, Amado Nervo y Francisco de Quevedo: levantar el rostro al cielo y esperar a que fortuitamente en sus sedientas bocas, cayeran de la inspiración las gotas.

Inspirarse es escuchar con atención el casi imperceptible secreto de amor que cantan las flores, los ríos, las piedras y toda la naturaleza. O identificar el perfume que emana de las mujeres por su belleza.

Se necesita buscar, se necesita identificar y sentir. Has de tenderte sobre la tierra con tu espalda desuda para conocer su ternura y hundirte entre las profundidades del mar, para descubrir su secreto. Sola no llega, pasa por tu lado y si quieres de ella te apoderas. Pero no es obra del hombre, no es suya, no es su creación: sólo es su descubrimiento y su posesión.

Jamás algún poeta algo ha creado, lo único que han hecho es a la inspiración descubrir como un milagro. Como cazadores de inspiración han vivido y cual santos de Asís, su descubrimiento con generosidad han compartido. No obstante ni Gabriela Mistral ni Sor Juana han sido sus madres o García Lorca o Neruda sus padres. Ni siquiera los grandes genios, poetas, escritores, músicos o escultores como Cervantes, Bethoben, Mozart, Miguel Ángel u Homero, han tenido más mérito que ser de la inspiración niñeros. Hombres y mujeres que la fueron encontrando y cual niño caprichoso, sus berrinches publicaron.

Así pues... poeta, contempla a la inspiración como tu presa y cuando la conquistes, jamás pregones que presentas al mundo es tu creación, pues créeme que vivirás en una fraudulenta ilusión. Sólo Dios es su creador, su padre, su dueño y su grandeza jamás emergerá de ti que eres un ser tan pequeño.

¡La inspiración no es tuya, es libre, pasajera, frívola y voluntariosa compañera!

Aguza tus sentidos si la quieres encontrar, aprende a observar lo más grande y lo más pequeño, lo grotesco y lo bello. Dedícate a olfatear y degustar su esencia donde quiera que se encuentre un tenue reflejo de su presencia. Y aprende a escuchar con atención el tenue secreto de amor que a tu alma dicta, ese que es en la naturaleza el dulce y tierno eco de la voz de Dios.

Así pues, cuando voluntariamente a ti llegue o cuando en tu camino la puedas encontrar, no la pudras con tu avaricia, no la intentes ocultar ni almacenar, sino al contrario, ámala, protégela, acaríciala y con bienaventurada caridad compártela con tu hermana humanidad.

Jousín Palafox Silva

Poesía Inculta

 

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