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LA EDAD DE UN DÍA

No me preguntes qué edad tengo, pues no contestaré como esperas que lo haga. No mencionaré una cantidad de años ni décadas, sólo contestaré que: ¡Tengo la edad de un día!

Pues en la madrugada resucito y maravillado a Dios le agradezco por la luz del día.

Por la mañana descubro cosas que no conocía o las veo como antes no lo hacía.

A medio día razono con madurez y decido aprovechar lo que me queda de vida, platicando con un amigo, pidiendo algún consejo o contemplando a una linda mujer, que es lo más lindo que existe en la vida.

En la tarde me doy cuenta de mis errores y pienso que no hice lo que debía o no hice mejor lo que podía.

Cuando el Sol se oculta, me lleno de melancolía, pues descubro que no aproveché al máximo mi existencia; escribo algo de valor, leo algo que me haga ser mejor y gozo la bendición de tener a quién amar.

Durante la noche le agradezco a mi Señor el haberme regalado este día, que es el más importante de mi vida y me comprometo a mejorar si la oportunidad se vuelve a presentar.

Finalmente sobre mi cálida cama muero, pero con un arrepentimiento sincero y con el deseo de hacer más valiosa mi vida, si es que Dios me quiere dar la oportunidad de vivir otro día.

Por eso, a diario me despido con cariño de todo lo que amo, demuestro sin temor mis sentimientos, perdono a quien me hizo daño, aprendo gustoso lo que no sabía, me deleito con la poesía, me arrepiento de lo que hice mal y le digo a Dios que lo amo de una forma excepcional.

Por eso no te diré lo que esperas que te diga, sólo te diré que: ¡Tengo la edad de un día!

Jousín Palafox Silva

Poesía Inculta

 

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