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A LOS GRANDES

Viendo el incierto futuro al que mi vida asoma, vi a mi propia trascendencia en este mundo como mi más inaccesible meta. Es cierto que todos queremos conquistar la dicha de sobresalir de entre la muchedumbre y alcanzar así muchas de nuestras terrenales ambiciones e incluso sanas obsesiones, pero el cómo obtenerlo es un secreto guardado sólo por aquellos que en vida se hubieron inmortalizado.

Así que dispuesto a sobresalir comencé a aprender de los grandes que grandes obras han realizado y por ende a la humanidad entera transformaron. Por lo tanto desde ese día:

Admiro enormemente a Jesucristo, no sólo por morir en nombre de su amor al hombre, sino por haber aceptado voluntariamente la cruz, para no traicionar sus convicciones; así como también Sócrates lo hizo, bebiendo de la cicuta para defender su filosofía y sus lógicas razones.

Admiro a Rubén Darío por convertir el triste encuentro de San Francisco de Asís con un lobo sanguinario, en un poema que describe soberbiamente las pasiones obscuras y aberraciones del ser humano.

Admiro a Cervantes, que aun siendo en Lepanto mutilado, convirtió la imagen de un hombre desnutrido y desquiciado, en el símbolo de un héroe soñador, cuyo ejemplo de inútil pero fiel lucha, es por millones admirado.

Doy crédito a Picasso por darle ángulos a la circunferencia y admiro a Gandhi por independizar a la India sin violencia. Así también reverencio a Amado Nervo, el poeta-genio por quedar "En Paz" con la vida, y ver a la muerte como amiga.

Admiro a Newton por creer que no sólo por madurez la manzana del árbol caía, sino porque existía una misteriosa fuerza que la atraía hacia la tierra pero nadie conocía. De la misma manera admiro a Einstein, porque no obstante de su pensamiento científico creía que un ser supremo al universo entero creó; gracias a lo cual pudo imaginar que al provenir el todo de una misma esencia y unidad, entre la materia y la energía debía existir perfecta identidad.

Y aunque admiro la inteligencia y el don de mando de Napoleón, aborrezco su egocentrismo por haber intentado edificar su imperio convirtiendo a Europa en cementerio. Y así como de Hittler aborrezco sus abominables actos, y a pesar de declararme de la vida defensor, le aplaudo el haber liberado al mundo de sus aberraciones cuando sobre su sien el fuego de un arma desató.

Admiro a los hombres que por el bienestar del mundo y de sus hijos han sudado sangre y trabajado. Asimismo a las benditas mujeres que desde siglos a los grandes lideres y genios entre sus brazos han gestado.

Admiro a los sabios y a los genios, a los jóvenes y a los viejos. Al adolescente que comienza por soñar y al anciano sin mañana que todavía busca su felicidad.

Viendo el magistral ejemplo de tantos hombres y mujeres, veo lo difícil de mi tarea y en verdad no se si el destino me facilite los medios para ser como ellos: un hombre de ideas grandes y temores pequeños. Únicamente me atrevo a jurar que mientras mi corazón el peso de los años resista, mis ojos distingan la luz y mis dedos aunque temblorosos aún se muevan, por trascender en esta vida lucharé con pasión fiera y de Los Grandes seguiré la vereda.

Jousín Palafox Silva

Poesía Inculta

 

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